De los cuatro talleres atestiguados en el románico segoviano, el taller de Tierras de Segovia centrado en torno a la ciudad que, sin embargo extiende su ámbito por toda la
región, en el que se desarrolla un marco estilístico e iconográfico concreto, aparecen constantes testimonios de una interrelación muy estrecha entre este taller y el de Duratón. Esta interrelación, quizá se fraguara en la Villa de Sepúlveda, en torno a construcciones tan importantes como la Virgen de la Peña y que
alcanzara en su radio de acción a la iglesia del Arenal.
Así pues, la iglesia del Arenal, nos ofrece peculiaridades distintas a los anteriores templos que sí se encuadran en el
denominado taller de Duratón. Esta iglesia sufrió numerosas transformaciones en época barroca y, gracias a
la última restauración se vislumbra una primitiva iglesia de dos naves, de la que sólo restan fragmentos del ábside lateral y la estructura del ábside mayor. Sin embargo, estos
arreglos nos han deparado la posibilidad de contemplar uno de los pórticos más interesantes de este románico, antes cegado y semioculto a la vista
del espectador.
El pórtico rodea a la iglesia por
sus lados occidental y meriodinal. Mientras por el lado occidental las arquerías se convierten en una sucesión de grandes arcos, quebrados en zig-zag, sin solución de continuidad hasta la
línea de arranque, con una moldura que termina como en la iglesia de San Pedro de Gaíllos en pequeñas cabezitas humanas, atestiguando una posible conexión con el taller de Duratón, por
el lado meridional, sin embargo, los arcos apean sobre columnas geminadas y éstas sobre alto murete protector.
Una de las maravillas de este pórtico es precisamente la puerta occidental. Ésta está ricamente decorada. Es un amplio vano de medio punto en la que tres arquivoltas combinan diseños distintos. Rematándola una moldura con terminación de pequeñas cabezas humanas como el resto de los arcos de esta parte del pórtico occidental.
En la arquivolta inferior de decoración vegetal, se vislumbra una de las características del denominado taller de Tierras de Segovia: la flor de aro, una flor en forma de alcatraz con el fruto gramíneo en el centro circunscrita en roleos y
en tallos de diferentes formas. La arquivolta central o arquivolta de los bustos es la más espectacular porque cobija bajo una serie de arquillos o lóbulos a once personajes masculinos y
femeninos que ocultan sus brazos en mantos de grandes pliegues, excepto el que está en la clave del arco que con los brazos extendidos y con
mitra y muceta y en actitud orante, el artífice nos esculpe a la figura eclesiástica del obispo. Curiosamente los cuatro lóbulos festoneados cobijan a las cuatro mujeres del conjunto.
Predomina en él tanto en hombres como mujeres un tipo de óvalo redondeado y en los ancianos barbados una faz enjuta y de pómulos muy pronunciados. Un rasgo característico lo constituyen
las orejas que tienen forma de “sopliyo” y que condiciona la caída del pelo de todos los personajes.
La arquivolta superior configura un
marco con decoración de dientes de sierra sin solución de continuidad que combina con el resto de
los arcos occidentales y que cobija a los arcos menores.
Otra de las joyas de este pórtico
lo proporcionan los capiteles. El follaje asume el máximo protagonista y adquiere además, predominio sobre la figura que llega incluso a relegarla a
un segundo plano, aunque no pierda por ello ni su entidad ni su valor. En uno de ellos las hojas y tallos entrelazados dejan espacios libres en los cuales figuras femeninas semiabrazadas se
mezclan y combinan con aves de rasgos monstruosos. En otro de ellos podemos divisar un Descendimiento de la Cruz en el que dos personajes probablemente José de Arimatea y Nicodemo, arrancan los clavos que sujetan a Cristo al madero. Asimismo, dos personajes lloran ante el Hijo del Hombre muerto, que podrían ser la Virgen y San Juan. Debajo de Cristo aparece un ángel. Todo ello condicionado por las
exigencias de la trama vegetal que lo divide en diversos compartimentos en los cuales, el artista ha aprovechado para catequizar con la máxima claridad el mensaje trascendente.
Otro de los temas que nos ofrece el
artista de este pórtico es la Visión Apocalíptica del Tetramorfos, en la cual divisamos al Pantocrátor rodeado por los símbolos de los Cuatro
Evangelistas: el Angel, el León, el Toro, y el Águila, es decir, San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan. Llama la atención en esta parte
del capitel un sol a la derecha de Cristo en sustitución de un ángel que sí está en la parte izquierda junto a la mandorla. Podría hacer alusión a la visión de San Juan y como refrendo plástico y simbólico de Cristo como una visión
de luz.
En los restantes capiteles destaca
unas sirenas-pájaro, tema al que no renuncian normalmente los artífices de este románico rural segoviano, así como también jinetes, leones y temas vegetales.
Los ábacos embellecen más todavía si cabe esta obra de arte. La ejecución estilizada y elegante, en la cual predomina la flor de aro, proporciona al que lo
contempla la visión de un maestro que desde luego dominaba bien su trabajo y que quizá, se hubiera formado o conocido el hacer del taller de
Santo Domingo de Silos.
Toda la escultura de este pórtico
nos habla del mensaje de la Redención. El hombre perdido en el perturbador follaje, además, con la presencia de aves monstruosas como símbolo del mal, se combina con el mensaje
tranquilizador de la muerte de Cristo como símbolo de Salvación.
Rosario Santamaría
Doctora en Historia del Arte