Sotillo

La iglesia de Sotillo es otra de las iglesias que no podemos dejar de contemplar por su clara pertenencia y similitudes con el taller de Duratón. Está compuesta de nave, torre y gigantesco ábside semicircular que conserva íntegramente su estructura de origen. La torre adosada al muro septentrional, presenta dos cuerpos diferenciados separados por una línea de imposta. El superior con sus ángulos de sillar aloja el cuerpo de campanas y el inferior presenta arquerías ciegas descansando sobre pilastras. La nave cuya fachada meridional aloja la puerta de entrada al templo, se nos ofrece como un gran lienzo exhibiendo en su zona central la puerta y encima como único aporte de luz una pequeña ventana rectangular en forma de saetera.  Remata la fachada un alero con sus correspondientes canes. La tipología de la planta sigue los modelos acordes con los empleados en las iglesias románicas rurales.

 

La puerta de entrada al templo acentúa aún más las similitudes entre la iglesia de Sotillo y la de Duratón. Ésta, igual que aquélla nos ofrece una puerta de arcos lobulados y de algunos canecillos y metopas que, aunque de factura más burda, se puede llegar a la conclusión que fueron  un grupo de artífices de origen mudéjar imitadores tanto en una iglesia como en la otra  de los modelos del maestro  con el que habían colaborado.

 

Llama la atención la cabecera compuesta por un ábside de gran profundidad que presenta una configuración semicircular precedido de tramo recto. Dividido en cinco tramos por seis columnas sobre alto plinto que apoyan sobre el basamento, los tres paños centrales alojan cada uno una ventana con sus correspondientes arquivoltas, chambrana y capiteles.  En éstos  se observa en algunos de ellos una mejor factura que la observada en el resto de la escultura de Sotillo. Ello induciría a pensar que algún maestro de mayor calidad debió de trabajar por algún tiempo en la iglesia para proporcionar pautas al taller, quedando el resto de los capiteles en las manos que realizaron el resto de los trabajos escultóricos.

 

Precisamente en la cabecera es donde podemos contemplar un magnífico conjunto de canes y metopas que, se nos presentan para nuestro deleite como un auténtico reportaje de las labores cotidianas del campesino mezcladas con temas vegetales, animales de la fauna autóctona o mítica e incluso temas  sobrenaturales.  

 

Es muy curiosa la representación del tema de la montería representado aquí con todos sus detalles. La montería era para  el estamento señorial una caza de carácter deportivo que satisfacía plenamente sus necesidades de ejercicio y diversión. También era habitual y periódica entre los pueblos ganaderos, como era el caso de Sepúlveda y su alfoz que, además de proporcionarles carne y pieles, con la caza de animales salvajes protegían a su ganado de estas alimañas. En este tipo de caza, monteros y perros jugaban un papel primordial. Los primeros dirigiendo la cacería y desarrollo con los tañidos del cuerno y los segundos como vanguardia y apoyo a los cazadores en el rastreo y acoso a las fieras.

 

En Sotillo cuatro metopas puntualizan con todo detalle esta contingencia. En la primera de la serie  se divisa a un montero armado con lanza tocando el cuerno, acompañado de un perro; también el artífice ha esculpido un árbol como símbolo del paisaje. En la segunda, cuatro perros escalonados se presupone que persiguen a un oso y a un venado situados en las dos metopas siguientes. Según el Libro de la Montería de Alfonso XI además de otros animales éstos eran las presas más abundantes y fáciles de obtener en los montes de Segovia.

 

El mundo visionario de lo sobrenatural aunque aparece en la iglesia de Sotillo, son escasos los animales de bestiario como las sirenas-pájaro o como una gran cabeza monstruosa en muy mal estado de conservación que, hace alusión, redunda e incide en la existencia del mal; pero a continuación el mensaje de un Dios hecho Hombre que ha venido al mundo para ayudar a la humanidad a salvarse. La escultura románica en sus capiteles, canes, metopas, tímpanos, etc, es el mensaje que esculpe en piedra. 


 

 

Rosario Santamaría

Doctora en Historia del Arte

 

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