San Pedro de Gaíllos

 

 

La iglesia de San Pedro de Gaíllos, situada al sur de Sepúlveda y en el centro del pueblo de este nombre, entre casas de labriegos sólo conserva de su estructura original el ábside y el pórtico o galería típica de las iglesias segovianas románicas. Este templo parece una réplica en pequeño de la de Duratón. La iluminación que proporciona las aberturas del ábside a modo de saeteras las enmarcan pequeños arcos de medio punto apeados sobre columnas, también de muy pequeño tamaño, con sus correspondientes capiteles.  Remata el paramento absidial un alero, sostenido por canecillos en curva y en recta de una cenefa taqueada en bastante buen estado de conservación. Las puertas del pórtico tanto la meridional como la oriental, repiten en sus respectivas arquivoltas la decoración en zig-zag separadas por boceles, así como también la moldura que las remata o chambrana  que,  están decoradas a la altura del salmer con unas pequeñitas cabezas humanas.  

 

Si la iglesia parece una réplica de la de Duratón, también la escultura que aún conserva reproduce iconográfica y estilísticamente tema y rasgos de aquel pórtico. Se repite, El Nacimiento de Jesús o ciclo de la Navidad, asimismo desglosado también en dos capiteles. De uno de ellos, en bastante mal estado, sólo se  conserva un personaje que podría corresponder al ángel de la Anunciación. El otro dedicado a los Reyes Magos  también bastante destrozado bajo un ritmo de arquerías apuntadas se divisa a uno de los reyes montado a caballo y diferentes edificios de la ciudad de Jerusalén. En el ábaco del capitel de los Reyes Magos, merece destacarse la decoración de tipo vegetal compuesta por  bellísimas flores de aro encadenadas y con un delicado calado constituido por un tallo ondulante y a la vez circular.

 

También se puede adivinar en este pórtico el tema de las sirenas-pájaro luchando con figuras humanas con cotas de malla y enormes escudos como representación del poder de seducción semejante a las de las sirenas-pez. Su representación obedece al esquema convencional de la escultura románica que divide la figura en dos partes una con cuerpo de mujer y la otra o con alas o con escamas de pez.  Asimismo, motivo también muy repetido es la representación de la arpía considerada generalmente como personificación de los vicios en el doble sentido de culpa y castigo.

 

El desgaste de la piedra impide de hecho captar el programa iconográfico del resto de los capiteles de este pórtico, pero indudablemente la escultura románica obedece a un claro mensaje catequético que se podría resumir en que las fuerzas del mal someten al hombre, pero existe la ayuda divina para consuelo del individuo que mediante la virtud y la Eucaristía logrará la salvación.

 

 

Rosario Santamaría

Doctora en Historia del Arte

 

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